Personas muestran billetes de pesos cubanos y dólares este miércoles, en La Habana
De forma paralela, el tipo de cambio del mercado informal marcó este miércoles su mínimo histórico, al alcanzarse los 500 pesos cubanos por dólar estadounidense. Según el indicador que publica diariamente el medio independiente El Toque, la tasa ha caído un 15% en lo que va de año.
Este es el período que comprende el salto cualitativo de la presión de EEUU sobre Cuba, con el fin del petróleo desde Venezuela y la orden presidencial que amenaza con aranceles a quien suministre crudo a la isla.
La moneda cubana, sin embargo, lleva depreciándose desde la fallida reforma monetaria de 2021, la denominada Tarea Ordenamiento, que estableció el cambio oficial en un dólar por 24 pesos, lo que supone un derrumbe cercano al 2.000%.
Esta caída refleja la profunda crisis estructural en que está sumida Cuba desde hace seis años, con escasez de básicos (alimentos, combustible, medicinas), una inflación desbocada, decrecimiento, déficit fiscal, migración masiva y prolongados apagones diarios.
Junto a los fallos en las obsoletas centrales termoeléctricas, este déficit es achacable a la falta de diésel y fueloil para alimentar los motores de generación energética distribuidos por todo el país, que según el régimen llevan cuatro semanas parados por el asedio petrolero.
El experto cubano Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas (EEUU), indicó a EFE que prevé una “grave crisis” en Cuba si para marzo no entran nuevos petroleros en la isla. El último, de tamaño medio, atracó el 9 de enero.
En estas circunstancias, Alemania y Suiza actualizaron sus recomendaciones sobre la isla. “Se desaconsejan los viajes no necesarios a Cuba debido a los notables efectos del déficit agudo de combustibles”, señaló en su web el Ministerio de Exteriores alemán.

Coches de época esperan en una fila para llenar sus tanques de gasolina en La Habana
El régimen cubano, en tanto, sigue desplegando su duro plan de contingencia para tratar de subsistir sin petroleo importado, pese a que la producción nacional apenas cubre un tercio de las necesidades energéticas.
Los hospitales y el transporte estatal se limitan a servicios esenciales, la gasolina está severamente racionada (la venta de diésel suspendida), la agricultura prioriza cultivos básicos, las universidades están en modo remoto o híbrido, y muchos trabajadores cambiaron a teletrabajo u horarios restringidos.
De forma paralela, las autoridades cubanas mantienen su discurso de que están dispuestas al diálogo con EEUU -aunque en términos de igualdad y sin abordar asuntos internos- y que no hay otra vía que la resistencia.
“La Patria ha enfrentado innumerables riesgos y peligros a lo largo de su historia. En cada uno de esos momentos, por poderosas o sutiles que fueran las armas y estrategias del enemigo, el pueblo cubano, unido, supo enfrentarlas y vencerlas. Esta vez no será diferente: Cuba Vencerá”, escribió en redes sociales el secretario de organización del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal), Roberto Morales Ojeda.
El tono de estos mensajes apenas resuena en la calle, donde el desgaste y la ansiedad por la crisis son elevados, y la escasez, la inflación y los apagones constantes atizan el descontento.