z.system

Los brotes verdes que prometían las exportaciones quedaron entrampados en la crisis nacional. Las operadoras esperan por señales claras para continuar sus desarrollos.

La tormenta macroeconómica del país llegó finalmente a Vaca Muerta y descargó con fuerza sobre las millonarias inversiones y el potencial del shale. Los brotes verdes, que la denominada segunda Pampa Húmeda prometía a principios de año, quedaron bajo el agua del temporal. Y desde las empresas, que sembraron bajo tierra millones de dólares, se viven momentos de incertidumbre al no visualizar una luz al final de la tormenta que evite que llueva sobre mojado.

La incertidumbre es, a fin de cuentas, la palabra que mejor define el clima que hoy impera en Vaca Muerta, en una industria que lejos de reclamar el apoyo del Estado en la modalidad de subsidios, lo que pide son certezas y estabilidad.

La estabilidad que abrió los campos petroleros a las firmas de todo el mundo, y que llevó en los últimos cuatro años, a que de dos desarrollos masivos sean hoy diez los que están en marcha, se vio una y otra vez alterada a lo largo del año al punto de poner ahora en dudas la llegada de nuevas inversiones.

En números

21% de la producción nacional de petróleo provino de Vaca Muerta en agosto. Fueron 104.000 barriles diarios.

El primer golpe al sector fue el cambio de la Resolución 46 que aplicó ni bien asumió el cargo Gustavo Lopetegui. La reforma dejó fuera del programa de incentivos a la producción de gas a 12 de los 20 proyectos que habían sido aprobados por las provincias. En la práctica, el nuevo Plan Gas cumplió el objetivo de incrementar la producción, pero a costa de mellar por un lado la participación en el mercado de YPF -la gran perdedora del plan– y por el otro llevó a una situación de competencia por los precios que depreció el gas al punto de llevarlo por debajo de su costo de producción.

La respuesta de la industria a este primer cimbronazo fue girar el volante y centrar sus inversiones en el petróleo. Si bien no es el principal potencial de Vaca Muerta, las proyecciones eran excelentes y prometían nuevamente brotes verdes en el corto plazo de la mano de la exportación del petróleo que excedería antes de fin de año el nivel de consumo del país.

En números

5.340 millones de dólares fue la proyección de inversiones para este año.

Pero nuevamente pasaron cosas. Tras la devaluación pos PASO se congeló primero el precio del petróleo para, en pocos días, aplicar una certera estocada a un sector que requiere de inversiones extranjeras, con el control de capitales y divisas.

A dos meses de esas medidas Vaca Muerta sangra como un toro en la Plaza de Alcalá. Una decena de torres de perforación salieron de funcionamiento en la cuenca, cerca de 1.500 trabajadores fueron suspendidos, casi un centenar de nuevos pozos nunca fueron puestos en producción y las etapas de fractura que miden el ritmo de la actividad cayeron casi un 25% entre agosto y septiembre.

En números

7 torres son las que perdió Vaca Muerta producto del congelamiento.

El freno de mano fue accionado y el panorama para el año que viene no es alentador. Desde el gobierno de Neuquén ya se reconoce que las inversiones en Vaca Muerta caerán, pero aún más, el pronóstico indica que la actividad también se contraerá.

El wait and see aplicado por la mayoría de las empresas se extendió mucho más allá del agosto negro de la industria y encontró a las empresas, a la hora de definir sus planes de inversión para el 2020, sin señales claras.

Al menos tres áreas se esperaba que pasen a desarrollo masivo en 2020.

Para algunos, la segunda Pampa Húmeda es como la gallina de los huevos de oro, pero son múltiples las señales que indican que no es así. La licitación lanzada por el gobierno nacional para el área Aguada del Chañar dejó en evidencia que no sólo las principales firmas del mundo no pugnaron por el único bloque que tenía Nación en la formación, sino que el precio que finalmente YPF terminó pagando -95 millones de dólares- dista mucho de los 1.200 millones que en 2013 desembolsó Chevron para acceder como socio a Loma Campana.

Algo similar ocurrió con las licitaciones trimestrales de áreas de Gas y Petróleo del Neuquén (GyP), que a lo largo del año no logró cerrar ningún nuevo acuerdo por sus 45 áreas.

Mientras la Vaca sangra por las estocadas, en las empresas se aguardan las señales claras para sacar el freno de mano de sus inversiones, pero las certezas no llegan.

En plena contienda de las elecciones presidenciales las operadoras no sólo no encuentran interlocutores claros con quienes debatir los planes del gobierno que vendrá, sino que también oscurecen el escenario documentos como el emitido por el Partido Justicialista, aunque luego denostado por Alberto Fernández, y la pelea abierta por la conducción de YPF.

Con la exportación de tan sólo 20 millones de metros cúbicos de gas por día, a través de un módulo de una eventual planta de GNL, el país podría sumar ingresos por 10.000 millones de dólares anuales. Y en la rama del petróleo en cinco años la exportación podría alcanzar los 500.000 barriles diarios y reportar ingresos por otros 10.000 millones de dólares anuales.

Pero para que esas proyecciones se tornen realidad la industria requiere reglas claras y estables que a la fecha no se vislumbran. Mientras, la ventana de oportunidades en el concierto exportador del mundo que generan para el país tanto el gas como el petróleo, amenaza con empezar a cerrarse.

Desde Neuquén aguardan una inevitable caída en la actividad de la formación no convencional

A principios de año el gobierno neuquino estimó que en este año se invertirían en Vaca Muerta poco más de 5.340 millones de dólares.

Faltando un mes y medio para finalizar el año no sólo ese monto está bajo revisión, ante la posibilidad de que no sea alcanzado. Sino que también la estimación de los nuevos pozos que se sumarían en el año parece no poder alcanzarse a raíz de la decisión de varias firmas de ralentizar sus planes.

La cuenta de cara al 2020 dista bastante de lo que originalmente se esperaba desde el gobierno neuquino.

Por un lado se reconoce que la reducción lograda en los costos de desarrollo hará que para alcanzar las mismas metas las operadoras requieran de una menor inversión. Pero como también se analiza una parálisis en los desarrollos que no están en plena actividad y que continuarán así hasta tener un horizonte claro.

Vaca Muerta debe competir con el resto del mundo en la búsqueda de inversiones y es por eso que se anticipó que no es exigirá a la fuerza que se cumplan los compromisos de inversión, dado que el riesgo es, como en el dicho, quedarse sin el pan y sin la torta.

 

Fuente: Rio negro