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En una economía que los necesita, el sector del algodón se plantea los desafíos que vienen sin falsas ilusiones y con pragmatismo puro.

Luego de la irrupción de la pandemia en los mercados, que provocó una parálisis y posterior derrumbe, el sector algodonero se recuperó gracias a las labores de productores y empresarios que siguen apostando a un cultivo emblemático de la región noreste.

Cada año se siembran entre 420 y 450 mil hectáreas en las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe, Salta y Formosa. Esa superficie se podría mantener e incluso aumentar en la próxima campaña ya que durante el último año se recuperó el precio internacional luego del cimbronazo que generó el inicio de la pandemia que puso en pausa los mercados y desplomó el precio de las fibras.

Esta situación se consolidó con un incremento de la producción, que según la Cámara Algodonera Argentina cerró en la campaña 2019/20 con 300 mil toneladas.

Pablo Vaquero, presidente de Gensus, la única empresa que provee semillas fiscalizadas en nuestro país, aseguró que “si bien la cantidad de hectáreas va aumentando, también lo hace la productividad. Hay nuevas variedades que mejoran el rendimiento de la fibra y en el desmote. También mejoró el manejo de los productores con la utilización de cosechadoras con más tecnología que cuidan mucho más el cultivo al momento de la cosecha”.

En este sentido, es importante destacar el lanzamiento de tres variedades desarrolladas por el INTA en conjunto con la empresa mencionada. Desde la campaña pasada, los productores disponen de algodón Guazuncho 4 INTA BGRR, Porá 3 INTA BGRR y Guaraní INTA BGRR a través del semillero. Se trató de una campaña bisagra para el algodón dado que luego de 10 años, y por primera vez en un mismo año, el productor tiene a disposición tres nuevas variedades de ciclo intermedio.

A pesar de los recientes avances, la Argentina tiene un desarrollo muy inferior al de países como Brasil, que duplica nuestros rendimientos por hectárea y supera ampliamente en variedad de semillas disponibles: los cariocas tienen 20 eventos biotecnológicos y aquí sólo tenemos 3. La posibilidad de crecimiento es concreta pero está directamente relacionada con el uso legal de semillas. Por un lado significaría un horizonte claro para las empresas y para el productor la ventaja de conocer el origen real de lo que siembra, la pureza del cultivo y el poder germinativo que repercute en los rindes.

Sin embargo el mercado de bolsa blanca (ilegal) aún pesa fuerte entre quienes deciden sembrar año tras año. Según relajamientos extra oficiales, el uso de semilla fiscalizada llega al 30%, una cifra similar paga por el uso propio y el resto utiliza semilla ilegal. Si bien cada vez hay más controles del Instituto Nacional de Semillas (INASE), el complejo controlar el ingreso de tecnologías no autorizadas que llegan desde otros países.

Quizá el aspecto más importante del algodón sea el desarrollo que brinda localmente, como ocurre con la mayoría de las economías regionales. Vaquero destacó que “impacta el valor agregado que tiene en origen ya que la investigación, producción, tratamiento de semillas, cosechadoras y desmotadoras están en la región. Lo mismo ocurre con los productores y la mano de obra de la industria textil y de diseño.

El cultivo generó en los últimos tiempos una dinámica que no se veía desde años. Las empresas definieron inversiones en desmotadoras y cosechadoras, lo que indica que la voluntad es la de seguir produciendo en la zona. “Son todas inversiones a largo plazo, porque una desmotadora cuesta u$s6 millones y eso implica que vas a producir los próximos 20 años. Se están importando cosechadoras de Estados Unidos que cuestan u$s1 millón por máquina y una empresa de Santa Fe esta fabricando una cosechadora local, es decir que estamos en una etapa de franco crecimiento”.

El nuevo ciclo productivo comenzará en octubre aunque la precampaña de venta de semillas ya está avanzada en comparación a otros años. El buen precio internacional de la fibra y las condiciones locales provocaron una compra anticipada de insumos, tal como ocurrió con el resto de los granos en los últimos meses. La expectativa es muy favorable y con las condiciones adecuadas nuestro país podría superar en los próximos años aquel millón de toneladas que supo lograr en 1997/98, ampliando la producción hacia Salta, Catamarca o San Luís. Para eso será fundamental avanzar en el respeto de la propiedad intelectual, algo que en este cultivo parece ser un desafío más cultural que financiero

 

Fuente: Ambito