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La suba de tasas para contener la inflación luego de la pandemia y la guerra sumado a la desaceleración económica deterioraron la posición de deuda de los países.


La deuda externa de los países en desarrollo aumentó casi 2,5 veces frente a 2008.


“Los niveles de deuda externa han alcanzado niveles alarmantes, mientras que los pagos por intereses se encuentran en niveles no vistos desde la década de 1990, cuando gran parte del Sur Global estaba al borde del default. El servicio de la deuda pública externa está desplazando a la inversión y el gasto en desarrollo”, advierte un informe del Global Development Policy Center de la Universidad de Boston.

En este cuadro, la Argentina tiene una nota destacada, porque no solo está fuertemente endeudada sino que además no cuenta con acceso a los mercados para rollear los vencimientos, lo cual restringe aún más el espacio fiscal disponible. El ministro de Economía, Luis Caputo, está tratando de acelerar las negociaciones para obtener nueva deuda externa que le permita acortar los tiempos para levantar las restricciones cambiarias y reducir la incertidumbre económica.

“Niveles alarmantes”

Según las estadísticas de deuda internacional del Banco Mundial publicadas en diciembre de 2023, la deuda soberana externa en los países en desarrollo, sin considerar a China, aumentó casi 2,5 veces en 2022 en relación con los niveles durante la crisis financiera mundial de 2008: de 1,27 billones de dólares en 2008 a 3,1 billones de dólares en 2022.

Además, se modificó la composición de la deuda. Mientras que en 2008, los bancos multilaterales, como el Club de París y el Banco Mundial, poseían el 46 por ciento de la deuda externa pública de los países en desarrollo, ahora su participación disminuyó al 34 por ciento en 2022. En cambio, subió el peso de los tenedores de bonos privados y de China como acreedor bilateral.

El informe de la Universidad de Boston advierte que no sólo la deuda y los intereses de deuda están en los mayores niveles en décadas, sino que la dinámica que se verifica entre el crecimiento económico y las tasas de interés muestra un deterioro financiero en aumento. Es que desde la crisis de 2008, muchas economías emergentes crecían a tasas superiores a las tasas de interés de sus deudas, con lo cual se beneficiaban de una paulatina reducción del peso del endeudamiento sobre el PBI. Sin embargo, esta situación cambió.

Con la pandemia y la guerra en Ucrania, subieron las tasas de interés para contener la presión inflacionaria y al mismo tiempo se redujo la marcha del crecimiento. “La situación puede volverse aún más grave en los casos donde la deuda está denominada en moneda extranjera. Sin un aumento gradual del financiamiento en condiciones favorables y en forma de donaciones, las economías emergentes entrarán rápidamente en la zona de peligro de crecimiento de las tasas de interés”, agrega.

“Las obligaciones del servicio de la deuda alcanzarán un máximo histórico en 2024, con altas tasas de interés, mientras que las tasas de crecimiento se encuentran en su mínimo histórico para este siglo. Esto está creando un sobreendeudamiento, ya que muchas economías emergentes están pagando más por el servicio de la deuda que por educación, salud y largo plazo. Como las exportaciones y el crecimiento del PIB no pueden seguir el ritmo de los crecientes niveles de deuda, no sorprende que el servicio de la deuda como porcentaje de las exportaciones de bienes y servicios esté alcanzando niveles peligrosos para un número cada vez mayor de países“, advierte.

Argentina

De acuerdo a la última revisión del acuerdo de deuda con el FMI, “la deuda pública sigue siendo sostenible, pero no con alta probabilidad”. Se estima que este año la deuda bruta se ubique alrededor del 86 por ciento del PBI. En particular, la deuda externa pública equivale al 56 por ciento del PBI. 

El último informe de deuda emitido por el Gobierno muestra que la deuda bruta a fines de marzo equivale a 403.044 millones de dólares, una suba del equivalente a 33 mil millones de dólares. Dicho incremento se explica por la dinámica de la deuda en pesos.

En 2024, el país debe pagar en compromisos externos 3786 millones de dólares de intereses y otros 3657 millones en amortizaciones, sumados a los 1450 millones netos de desembolsos que se le adeuda al FMI.

En 2025, la cuenta es de 3968 millones de dólares en intereses, 6285 millones en amortizaciones y otros 3473 millones para el FMI. En 2026, de 3934 millones en intereses, 6173 millones en amortizaciones y 4603 millones de dólares para el FMI. En los años subsiguientes, la factura del FMI se agranda. “Para el mediano plazo, las obligaciones de deuda correspondientes con el FMI se proyectan en un 7 por ciento de las exportaciones”, indica el Fondo.

El FMI plantea que la intención del Gobierno “no es incrementar el endeudamiento externo, sino gestionar mejor las obligaciones”. A pesar de ello, el ministro Caputo busca dinero fresco, incluso del propio Fondo, para poder mostrar alguna carta en materia política con el levantamiento del “cepo cambiario” y el despeje de las incertidumbres que amenazan con volver a acelerar la dinámica de la inflación.

Fuente: Página 12