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Massa se justificó con la necesidad de “alinear incentivos” con los productores. Prioriza el refuerzo de reservas ante las críticas económicas y políticas

La reedición del “dólar soja” es la prueba más incontestable de la emergencia por escasez de dólares en la que se encuentra Sergio Massa: se trata de una medida que había sido criticada y resistida tanto por empresarios como por los socios kirchneristas en la coalición gubernamental. Sin embargo, se terminó concretando de todas formas, en una admisión tácita de que es la única forma de evitar volatilidades cambiarias en el verano.

“La tarea de recomponer reservas nos obligó a tomar decisiones, algunas que pueden resultar incómodas o dolorosas pero que tienen como objetivo garantizar el funcionamiento de nuestro ente rector de moneda”, dijo Massa ante un auditorio de dirigentes de empresas, justificando la aplicación del régimen cambiario sectorial.

El tema había sido objeto de intensa especulación política en las últimas semanas, y la acumulación de advertencias sobre los efectos negativos fue tan grande que se llegó a pensar que Massa preferiría evitar la medida para ahorrarse problemas en el plano político. No obstante, la contundencia de los números convenció al ministro de que no había otra salida: el Banco Central, que ya había tenido que vender u$s498 millones en octubre, se vio forzado a aumentar el ritmo de venta de dólares y resignó otros u$s1.006 millones cuando todavía quedan tres días hábiles de noviembre.

Esos datos fueron acompañados por movimientos del tipo de cambio paralelo, con un blue que abandonó su calma y ya se ubica en el nivel de $320, en un movimiento alcista que, según los analistas del mercado, continuará hasta emparejarse con el “dólar Qatar” que cotiza a $344.

Y, sobre todo, lo que terminó de convencer a Massa sobre lo inexorable de la reedición del “dólar soja” fue la crisis climática que perjudica la campaña agrícola. El trigo, que habitualmente es el proveedor de divisas durante el verano, resultó muy afectado por la sequía, tanto que la Bolsa de Rosario corrigió a la baja su previsión a apenas 11,8 millones de toneladas, la mitad de lo cosechado el año pasado.

Así, los economistas ya estiman que el aporte del agro será en la próxima campaña unos u$s10.000 millones menos que lo originalmente previsto.

La escapada del dólar paralelo, junto con la venta de divisas por más de u$s1.000 millones del Banco Central en noviembre, apuró la decisión sobre el dólar soja

La escapada del blue, junto con la venta de divisas por más de u$s1.000 millones del Banco Central en noviembre, apuró la decisión sobre el dólar soja

 

Estas expectativas negativas se combinaron, además, con el anunciado “efecto del día después”: tras el septiembre récord en el que se liquidaron más de u$s8.000 millones por exportación sojera, el aporte del campo disminuyó drásticamente. En octubre, la liquidación promedio diaria del agro bajó a u$s60 millones diarios, una cifra muy modesta no sólo en comparación con los u$s400 millones diarios de septiembre sino también respecto de los u$s150 millones de agosto.

Y la situación empeoró en noviembre, con un promedio de liquidaciones diario de apenas u$s48 millones. A ese ritmo, en todo el mes a duras penas se podrá llegar a una liquidación de u$s1.000 millones, la mitad de la cifra que se había registrado en noviembre del año pasado.

La amenaza de un verano tormentoso

 

Esta situación implica un gran riesgo devaluatorio para el próximo verano, una estación en la que tradicionalmente se ha producido la combinación fatal entre disminución del ingreso de dólares, caída en la demanda de pesos y un público que sube su demanda de divisas.

En los últimos dos veranos se había logrado sortear las dificultades gracias a situaciones excepcionales, como subas de precios en el mercado global, campañas agrícolas excepcionales y el impacto de eventos como la guerra de Ucrania. Eso había llevado a que el primer trimestre de 2022 tuviera un récord de exportación agrícola de u$s7.650 millones, una cifra que superó en 22% el ya de por sí excelente registro del verano anterior.

Pero, así como en esos momentos todo jugó a favor, ahora ocurre la situación inversa: la escasez de divisas coincide con un bajón en la demanda de dinero, lo cual hizo que proliferaran los pronósticos de una devaluación.

Y esto ocurre aun con la ayuda que supone el nuevo -y restrictivo- régimen importador, que redujo 8% las compras en octubre y bajará un 20% adicional en los próximos meses. Se logró revertir la racha de tres meses con déficit en la balanza comercial, pero aun así las tensiones cambiarias no desaparecen del horizonte, salvo que se encontrara una forma urgente de ingresar dólares.

Fue por eso que todas las miradas se posaron sobre los silobolsas, que a pesar del gran volumen exportado en septiembre, mantienen todavía mercadería por unas 10 millones de toneladas. Traducido a plata, unos u$s5.300 millones.

El efecto de la sequía llevó a corregir a la baja la proyección de la cosecha, lo que implicará un recorte de u$s10.000 millones en el aporte del campo

El efecto de la sequía llevó a corregir a la baja la proyección de la cosecha, lo que implicará un recorte de u$s10.000 millones en el aporte del campo

Los sojeros y la profecía autocumplida

 

Massa tuvo, además, otro factor que le jugó en contra: desde hace varias semanas se empezó a hablar de la reedición del dólar soja. Y se produjo un efecto conocido por los economistas, el de la “profecía autocumplida”: si todos los productores creen que llegará un régimen de dólar preferencial -no importa que el rumor sea cierto o no-, automáticamente reducirán sus ventas a lo mínimo imprescindible; de esa manera la escasez de divisas se hace aun más acuciante, con lo cual el rumor se termina transformando forzosamente en realidad.

El propio Massa se resignó a esa situación. En su discurso ante el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), había justificado la primera edición del dólar preferencial para los sojeros e insinuaba por qué pensaba en la reedición: “Nos permitió mostrar que, con los incentivos bien alineados, la capacidad exportadora de la Argentina para volver a recorrer el camino de acumulación de reservas está intacta”, dijo el ministro.

Y recordó que la experiencia de septiembre sorprendió a los escépticos, que no creían que se lograra una cifra tan alta. Ahora, según dejaron trascender los funcionarios del equipo económico, la expectativa es que en diciembre puedan ingresar unos u$s3.000 millones, gracias al tipo de cambio preferencial de $225 por dólar.

Teniendo en cuenta que, de los u$s36.000 millones que componen las reservas del Banco Central, los economistas calculan que quedan u$s3.000 millones en términos netos, ese ingreso adicional de la soja implicaría un refuerzo que permitiría atravesar los tensos meses del verano y, además, cumplir con el objetivo comprometido ante el Fondo Monetario Internacional.

Pero claro, Massa tiene un problema: esa “alineación de incentivos” con los productores sojeros le implica un alto costo en términos políticos, donde hay una opinión negativa sobre las consecuencias del “dólar soja 2”.

¿Cuánto cuesta el nuevo dólar soja?

Para empezar, las advertencias apuntan a los efectos negativos en la economía: ya la experiencia de septiembre demostró que el dólar soja tiene un costo fiscal y que, además, supone una expansión monetaria.

Esto ocurre porque el Banco Central les compra los dólares a los exportadores al tipo de cambio alto y luego se los vende baratos -al tipo de cambio oficial mayorista- a los importadores. La diferencia entre ambas cotizaciones supone un costo que el Banco Central le traslada al Tesoro mediante un título.

El tipo de cambio preferencial para los sojeros implica un fuerte costo fiscal, por la diferencia de cotización entre lo que se compra a los productores y lo que luego se vende a los importadores

El tipo de cambio preferencial para los sojeros implica un fuerte costo fiscal, por la diferencia de cotización entre lo que se compra a los productores y lo que luego se vende a los importadores

 

En la experiencia de septiembre, esa compra y reventa de dólares tuvo un costo aproximado de $400.000, algo que muchos economistas señalan como uno de los factores de aceleración inflacionaria reciente.

Esto fue lo que motivó a que los economistas hayan calificado a esa propuesta de Massa como “un caballo de Troya”, junto con advertencias de que el alivio sería pasajero, porque los pesos que se volcaron al mercado constituirían el combustible que haría despegar nuevamente al dólar.

Pero no fue el único efecto negativo: en septiembre se incrementó la presión de los precios por parte de los sectores que usan a la soja como insumo. Un ejemplo de ello fue el aumento casi instantáneo de 30% que habían sufrido los pellets de soja requeridos por los tambos como alimentación para las vacas. Y ya se escuchan advertencias sobre una repetición de ese problema.

¿Cuál sería el costo de la segunda edición del dólar soja? Si se logra la liquidación de u$s3.000 millones, como aspiran los funcionarios del área económica, entonces el Banco Central volcará al mercado $690.000 millones, que es el precio resultante por el “dólar soja” de $230. Y, más tarde, revenderá esos dólares a la cotización mayorista.

Si se hace el cálculo a la cotización actual de $165,60, entonces se volcará nuevamente al mercado unos $497.000 millones. Pero en diciembre, de acuerdo con el ritmo devaluador del Banco Central, ese tipo de cambio ya estará en torno de $175. En conclusión, por la diferencia de cotizaciones estará convalidando una expansión monetaria de unos $160.000 millones.

Claro que también habrá un impacto positivo inmediato a nivel fiscal, por la recaudación de los derechos de exportación -las célebres “retenciones”-. El antecedente de septiembre lo deja en claro: el ingreso de la AFIP aumentó un 23% respecto del mes anterior, y el rubro de retenciones supuso el 20% de la recaudación total.

Massa arriesga el enojo de Cristina Kirchner, que siempre se mostró contraria a darle un tipo de cambio preferencial a los productores agrícolas

Massa arriesga el enojo de Cristina Kirchner, que siempre se mostró contraria a darle un tipo de cambio preferencial a los productores agrícolas

Arriesgando el enojo K

 

Pero Massa sabe que, junto con los efectos positivos de corto plazo en el plano cambiario y de la recaudación, tendrá problemas políticos: se expone al enojo del kirchnerismo.

Ya en septiembre, el diputado Máximo Kirchner había dicho en un discurso público: “Nuestro país fue puesto de rodillas por las cerealeras. Hubo que generarles otro dólar para que liquiden lo que producen en nuestro suelo y que es parte de la riqueza y de los bienes naturales de nuestra patria”.

También la propia Cristina Kirchner, aunque se cuidó de no criticar a Massa, se refirió al dólar especial de los sojeros como una de las consecuencias negativas de no haber resuelto “la economía bimonetaria”.

Y ahora, con la nueva versión, el tema está en la agenda de los medios K. Uno de los más influyentes editorialistas, Roberto Navarro, calificó al dólar soja como “una medida 521, porque es la 125 al revés, en vez de que el campo aporte para ayudar al resto del país, todos tenemos que poner para ayudar al sector más privilegiado de la sociedad”.

Si Massa llegó a la conclusión de que el enojo del kirchnerismo y las críticas de los economistas son un precio bajo a pagar, en comparación con los beneficios de un nuevo “regalo” a los sojeros, la conclusión es evidente: las urgencias financieras son más agudas de lo que se pensaba.

 

Fuente: Iprofesional