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El clima seco provocará graves consecuencias en la generación de alimento para el ganado. Advierten que cuesta conseguir el cereal.

Mientras el Gobierno se aboca a resolver los problemas que se generaron en el trigo por la menor producción que tendrá la Argentina esta campaña, todo parece indicar que será sólo el comienzo de una serie de batallas que se deberán librar para que la sequía -que hoy castiga a los productores primarios- no extienda su ola destructiva en el resto de las cadenas, principalmente las de generación de proteína animal.

Los próximos seis a ocho meses van a ser muy duros para el productor, para el Gobierno y para los consumidores. En el caso de quienes encararon la siembra es importante destacar que tras las pérdidas de la campaña fina (trigo y cebada) y con una bajísima productividad en el maíz temprano, no habrá “caja” o entradas de dinero en los meses de diciembre y marzo como ocurre cada año o al menos cuando el estado del tiempo no es protagonista. Para contar con un ingreso de dinero, el productor deberá esperar hasta mayo, cuando comience a ingresar la campaña de soja, si es que se dan las precipitaciones esperadas. En cuento al Estado, tendrá menos recaudación y con baja oferta productiva los consumidores recibirán un ajuste en los precios por un menor volumen disponible.

En diálogo con Ámbito, el vicepresidente de Maizar, Fernando Zerboni, aseguró que no va a haber maíz en marzo y eso va a afectar a la exportación y al mercado interno. “Todo el maíz va a llegar en mayo o junio, por lo tanto el maíz ‘viejo’ que debería empalmar en marzo con la llegada de la cosecha del ‘nuevo’ maíz temprano tendrá que resistir con un stock ajustado dos meses más. Eso va a ser un problema durante el primer semestre del año porque los precios se mantendrán firmes cuando habitualmente bajan por el ingreso de la cosecha”, planteó.

Esta situación afectará a todas las actividades que tienen al maíz como insumo clave para la conversión de grano en carne, es decir, para todos los que generan proteína animal, ya sea bovina, aviar, porcina.

Desde el sector de los feedlots, Juan Eiras, vicepresidente de la cámara que los agrupa, aseguró en diálogo con Ámbito que al día de hoy ya cuesta conseguir maíz. Explicó que “si bien la soja que se comercializó con un tipo de cambio fijado a $200 no les afectó en cuanto a la harina de soja porque el porcentaje que se requiere como suplemento es bajo en la dieta de los rumiantes, pero sí lo hizo en la liquidez que se le generó al productor de soja porque provocó una disminución en la oferta del cereal ya que quien vendió la soja es el mismo productor que vende el maíz y al hacer diferencia son la soja no necesitó deshacerse de otros granos.

Como consecuencia, hay menos maíz disponible en el mercado y la situación no cambiará hasta dentro de muchos meses. Según Eiras, “para conseguirlo hay que pagarlo más caro y a un plazo más corto”.

Que no habrá maíz a corto y mediano plazo es un secreto a voces, puesto que en todas las cadenas productivas consultadas se vislumbra un panorama complejo. Con la exigua campaña de maíz de primera queda claro que los primeros maíces van a llegar bien entrado el año que viene y el empalme entre las dos campañas traerá un recalentamiento de precios.

Ganadería

En el caso de la producción de carne, el mayor problema no sería el precio del maíz, sino el atraso que existe en los precios de venta de la hacienda. El ganado se vende a poco más de $300 el kilo cuando un ternero cuesta mucho más caro. Eso quiere decir que el valor de reposición es más alto que el de venta de uno terminado, por lo tanto se pierde cada vez que sale un animal de los corrales. Pero el inconveniente más grave que tiene la cadena pasa por el estancamiento e incluso la baja de precios. Según pudo confirmar Ámbito, los precios actuales de la hacienda se ubican un 20% por debajo de los de mayo. De por sí sería difícil encontrar un producto que en este contexto inflacionario haya mantenido su precio, pero más aún sería imposible encontrar uno que haya bajado: la carne lo hizo.

Este será el próximo problema que tendrá que resolver el Gobierno, porque a este ritmo, si siguen las restricciones para operar libremente, en el futuro serán muy pocos los productores ganaderos y/o feedloteros que puedan sobrevivir en 2023. También lo padecerán los consumidores porque, cuando el precio de la carne se sincere, pegará un salto.

 

Fuente: Ambito