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En las góndolas locales el producto habría subido más del 7% en abril. Mientras tanto frigoríficos advierten caída en la rentabilidad del negocio exportador.

Parece una ironía pero no lo es: actualmente en la Argentina hay más vacas que personas y sin embargo el precio de la carne vacuna no para de subir en las góndolas, mientras se derrumba el consumo ya que el producto se convirtió en un bien poco accesible para las clases sociales más bajas. Los datos no mienten, ya que según informó recientemente el Ministerio de Agricultura con base a datos del SENASA, el stock vacuno al 31 de diciembre de 2021 era de poco más de 53,4 millones de cabezas, mientras en el país viven alrededor de 45 millones de personas que deberían pagar el asado más de $1.000 por kilo.

La carne, o la vaca, en tal caso, no logra salir de su laberinto. En el último año los precios en las carnicerías y supermercados subieron más del 60%. Solo en abril, según datos provisorios, los incrementos promedio habrían superado el 7%. Concretamente, en el mercado interno presionan los incrementos de la hacienda en pie. La clave es que a pesar de que haya más vacas que personas en el país, hace falta un mayor stock para cumplir con las demandas del mercado internacional y local.

Según los registros del Mercado Ganadero de Rosario, los valores promedio de novillitos y vaquillonas comercializados en el Mercado de Liniers ajustaron durante abril un 7,9% y 8,1% respectivamente, comparado con los valores medios de marzo. De este modo, abril constituye el tercer mes consecutivo en registrar subas superiores a la tasa de inflación.

La situación la gráfica muy claramente el analista ganadero Ignacio Iriarte: “Pese a la caída de los ingresos reales de la población, al creciente atraso del tipo de cambio real, a que el Gobierno hace todo lo que puede por limitar las exportaciones y pese a la abundancia y al bajo precio relativo de los sustitutos de la carne vacuna, los valores de la hacienda en términos reales son los más altos de la historia. Se combina una oferta de ganado muy baja en relación al crecimiento de la población –hay sólo 63 kilos disponibles para consumo y exportación–, con precios internacionales un 40% más altos que un año atrás. El consumo está a la defensiva, pero su resistencia a reducir la ingesta por debajo de los 45 a 48 kilos anuales se expresa en los precios que paga por el gordo y por la carne”.

En definitiva, la puja entre el mercado interno y el externo existe y por eso hay una necesidad real de incrementar el stock vacuno y la producción nacional. Es por eso que el Gobierno, más precisamente la secretaria de Agricultura, lanzó recientemente el PlanGanar con el que busca hacia 2030 incrementar la producción en unas 600.000 toneladas, un proyecto con una mirada a largo plazo que podría contribuir a terminar con esa puja, pero en lo inmediato los precios no paran de subir y eso impacta de lleno en el consumo. Según el relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), en marzo el consumo se ubicó en apenas 47,7 kg. por habitante por año, lo que marca una caída interanual de 2,7% (-1,3 kg/hab/año), que se eleva al 12% cuando se contrasta con 2019.

Los argentinos están comiendo menos carne pero también la Argentina está exportando menos a partir de las restricciones impuestas por el Gobierno para equilibrar la balanza hacia el mercado interno, algo que en la práctica tampoco ha sido una solución para aplacar los precios.

En este marco de máxima presión en el sector, los frigoríficos exportadores, más precisamente el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC) informa que se han producido sensibles bajas de precios de los distintos productos cárnicos bovinos que Argentina exporta al mercado internacional y eso hace mella en su rentabilidad.

“Esta situación repercute directamente en la estructura de costo de las empresas frigoríficas exportadoras, quienes adecuarán sus programas de producción y comercialización a la nueva realidad que se ha configurado”, advierten los exportadores.

Según explican estas empresas que manejan el negocio exportador de carne de la Argentina, “uno de los casos más significativo es el valor de la cuota Hilton que llegó a comercializarse entre u$s17.900-18.000 y, en la actualidad, no se puede vender a más de u$s15.000. Consecuentemente, y de manera proporcional a lo que ocurre con la cuota de cortes de alta calidad a la Unión Europea, también se vieron significativas alteraciones en los valores de la Cuota 481 que se comercializaba a u$s11.000 y hoy en día se vende a u$s9.000”.

“El principal destino de carne argentina de volumen, la República Popular de China, ha disminuido también sus valores de compra en 1.000 dólares en un promedio general de los distintos productos que importa. Entre los motivos que han inducido a esta baja se destacan el actual confinamiento por Covid-19 en el mencionado país, la devaluación producida y el congestionamiento del puerto de Shanghái, que complica de manera categórica la logística de desembarco”, detalla el Consorcio ABC.

El escenario es complejo porque de sostenerse la caída en los valores internacionales, los exportadores presionarían por una apertura mayor de las exportaciones de carne, en un contexto en el que el Gobierno prácticamente no tiene margen para contener los valores en el mercado interno. Y la historia todavía se puede complicar más.

 

Fuente: Ambito