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El barril de ‘texas’ estadounidense se deja más la cuarta parte de su valor después de que un gran fondo haya anunciado que deshace sus posiciones. El ‘brent’ europeo cae hasta mínimos de dos décadas

En algunos depósitos petroleros de Estados Unidos empieza a no caber ni un alfiler. Ante la expectativa de que muchos de estos almacenes privados lleguen al límite de su capacidad en unas pocas semanas (entre dos y cuatro, según las fuentes consultadas) ante la avalancha de crudo extraído y no consumido, los mercados petroleros occidentales sufren este lunes su enésimo revolcón en lo que va de crisis del coronavirus. La caída es notablemente menor que la registrada justo una semana atrás, cuando el barril texas sorprendía a propios y extraños entrando en terreno negativo por primera vez en siglo y medio de historia: los inversores, en otras palabras, pagaban a quien se comprometiese a quedarse con el crudo que van a ser entregados en mayo. Pero es notable, muy notable: el petróleo de referencia en el país norteamericano ha perdido más de la cuarta parte de su valor en una sola sesión y ha cerrado en poco más de 12 dólares, mientras el brent —el más común en Europa— ha cerrado con una caída del 7% y deja atrás la barrera de los 20 dólares, su nivel más bajo en casi dos décadas. A diferencia de lo ocurrido en anteriores desplomes diarios, cuando los mercados petroleros y de renta variable entraron en una espiral de retroalimentación, esta vez las Bolsas navegan ajenas al crudo y se agarran al paulatino levantamiento de los confinamientos en algunos países y ciudades para colocarse en positivo.

La demanda mundial de crudo es la sombra de la que era hace solo dos meses atrás, cuando la pandemia global (en aquel momento solo epidemia) ya paralizaba las economías china o coreana pero Europa y Estados Unidos escapaban aún de sus garras. Desde entonces, sin embargo, las cosas han cambiado a una velocidad récord: en este tiempo la economía mundial se ha dado la vuelta por completo y el parón en la actividad y el transporte de personas y mercancías ha evaporado del mercado casi la tercera parte de la demanda petrolera.

Ante una fuerza de ese calibre, cualquier intento de contrapeso se está mostrando insuficiente: los principales países productores han anunciado el mayor tijeretazo de siempre sobre la oferta, la Casa Blanca ha anunciado que llenará hasta los topes sus reservas estratégicas y Donald Trump ha iniciado una nueva ronda de amenazas sobre Irán, uno de los grandes exportadores mundiales. En vano: la semana pasada estos intentos permitieron al texas regresar a números verdes y al brent recuperar parte del terreno perdido, pero este lunes ambos vuelven a exhibir su peor cara. La mayor parte de los barriles que se ponen hoy en el mercado no son rentables para los productores: de todos los actores de la cadena —las firmas que operan los pozos, refinadoras y distribuidoras de gasolina y queroseno— solo las compañías que se dedican a guardar el crudo que no encuentra comprador están haciendo dinero. Esa es, quizá, la mejor síntesis de lo que está ocurriendo hoy en un sector sobre el que ha pivotado la economía mundial durante décadas.

El acelerón en las caídas este lunes responde también al anuncio de uno de los mayores fondos de inversión cotizados íntegramente dedicados al crudo, United States Oil Fund, de que deshará todas sus posiciones de futuros sobre el crudo con entrega en junio. Este movimiento apunta, además, a una época de menor liquidez en el mercado. Y sin liquidez, ya se sabe, las caídas son inevitables se parta de la posición de la que se parta.

“El mercado sabe que los problemas de almacenamiento permanecen y que los tanques alcanzarán su tope en cuestión de semanas”, explica Bjornar Tonhaugen, de la compañía noruega de análisis energético Rystad, en declaraciones a Reuters. “Los precios solo pueden bajar cuando los productores no tienen dónde guardar su producción a corto plazo”. Lejos de ser un fenómeno únicamente estadounidense, la falta de espacio para depositar el crudo sobrante va poco a poco convirtiéndose en algo global: Corea del Sur —uno de los países asiáticos con mayor capacidad de almacenamiento— está cerca de alcanzar su límite, según Bloomberg.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE, dependiente de la OCDE) prevé que el consumo de crudo empiece a repuntar en la segunda mitad del año, pero hasta entonces no hay visos de que la tensión de los depósitos vaya a disiparse. “El balance actual en el mercado petrolero es sencillamente horrible”, agrega Tamas Varga, de la firma de intermediación PVM. “Y no se puede anticipar ninguna mejora hasta después de junio, dada la caída masiva en la demanda global”.

 

 

Fuente: El pais