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La aparición del Covid-19 ha generado inesperados impactos. El primero de ellos tiene que ver con una menor actividad económica global. El tener que combatir el virus con aislamientos y cuarentenas se ha traducido en una contracción económica singular. Y ello ha generado un menor consumo energético a nivel internacional.

El coronavirus causó una destrucción de la demanda global impactante. India sola, por ejemplo, en la primera quincena de marzo experimentó una caída de alrededor del 10% en el consumo de petróleo (equivalente a unos 500.000 barriles por día).

En cuanto a estimaciones del total de demanda a nivel mundial, la caída se estima en 15 a 20 millones de barriles por día para mayo. Si a ello contraponemos el recorte de la OPEP+ de alrededor de 10 millones de barriles diarios, todavía habría una sobre oferta de suministro del orden de 5 o 10 millones.

En Cushing, Oklahoma y en los Estados Unidos en general, la capacidad de almacenamiento ha sido rápidamente copada. O sea, que esa saturación ha influenciado a que tuviéramos por primera vez en el mercado bursátil precios negativos para el WTI de -40 dólares.

El que opera en el mercado bursátil sigue los precios diarios, mientras que el petrolero tiene una visión de planificación de largo plazo (las inversiones del sector necesitan entre 5 o más años para brindar frutos). No se trata de minimizar el impacto que se vive, pero sí de analizar la crisis con enfoque petrolero a fin de tomar las acciones correspondientes que mitiguen o disminuyan sus repercusiones en el mediano-largo plazo.

Es correcto que si bien otras “commodities” han experimentado alguna vez precios negativos, esta es la primera vez que ello sucede en el petróleo.

Los contratos para junio que abren hoy se cotizan en u$s 21. Es posible que ante la actual tendencia tengan un impacto negativo también con una fuerte caída. Sin embargo, para diciembre 2020 el precio de futuros se ubica en u$s 33, lo cual implica que rebotarían.

En términos globales, a la destrucción de la demanda, seguirá una caída de suministros. Y de ahí en más se irá balanceando el mercado hasta que se recupere la demanda nuevamente y vuelva el ciclo de los precios petroleros a funcionar.

En adelante, los productores con alto costo saldrán rápidamente del mercado. Los no convencionales serán los perdedores en este juego de corto plazo. Pero no se debe olvidar que también estos son los reservorios que más rápidamente se pueden poner a producir. Ahí, están pautadas las ventajas y desventajas de estar desarrollando Vaca Muerta. Si se quiere jugar en las grandes ligas petroleras del mundo estos son avatares que se compensaran, sin lugar a dudas, en el futuro.

 

Fuente: Cronista