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Para marzo está previsto un aumento en los impuestos. Pero el barril de crudo está en caida y eso podría detener aumentos de importes.

La presión de las petroleras para que el Gobierno accede a un aumento en el precio de los combustibles cesó por estos días. Esas compañías están en alerta en estas horas por evitar lo contrario: una caída.

El precio del barril de petróleo bajó un 15% en un mes: pasó de US$ 58,91 a US$ 49,67 en febrero. Al menos, para la variedad Brent, que marca la referencia de los refinadores locales.

Por el efecto del coronavirus, la cotización de las acciones y los commodities están en  caída libre. Por ahora, no está claro el piso de ese derrumbe. Con un barril de petróleo a US$ 50, las petroleras locales ya empiezan a preocuparse por algo más que los surtidores.

En el Gobierno hay preocupación porque ese precio del petróleo crudo frena las exportaciones, con su consecuente impacto en las retenciones por despachos al exterior y las regalías. Pero, por otro lado, cae uno de los argumentos de las petroleras para solicitar un incremento en el precio de los combustibles.

En enero, cuando YPF barajó la idea de aumentar un 5% y el presidente Alberto Fernández dispuso lo contrario, hubo preocupación entre todos los refinadores. Decían que estaban vendiendo un 15% por debajo de sus costos. Fueron a una reunión con el presidente, que les pidió una “fórmula” para ir acompañando la cotización del barril de petróleo.

El sector empezó a trabajar una combinación que tuviera en cuenta distintas variables: subas por debajo de la inflación, cambios en los impuestos según la cotización internacional, entre ellos. Pero febrero arrancó mal para la industria: el petróleo empezó a caer, y el coronavirus agravó la situación.

El deseo de las petroleras por remarcar en los surtidores aminoró. Es más, las conversaciones en ese sentido desparecieron en la última quincena de febrero y el sector hasta empieza a coquetear con otras ideas.

Para esta semana estaba previsto un aumento en los impuestos a los combustibles. Pero quedó descartado. Sin embargo, no está claro su impacto en los surtidores.

Ahora, las compañías locales hasta evalúan cambiar su enfoque más reciente. Una de las ideas que está en carpeta es la vuelta del “barril criollo”. Este mecanismo funcionó para “sostener” a la industria entre 2015 y mitad de 2016, cuando los precios del petróleo internacional estaban por debajo de lo que costaba un barril de petróleo de producción nacional.

El “barril criollo” establece un esquema de precios internos que aíslan al país del comportamiento internacional. Cuando los valores internacionales son elevados, sirven para evitar que ese comportamiento impacte en la industria local. Como contrapartida, también impiden que los consumidores accedan a precios bajos cuando el petróleo se hunde en el mundo.

Entre 2015 y mediados de 2016, los consumidores de todo el mundo disfrutaron de una baja en el precio de los combustibles. Aquí, pasó de largo, porque el “barril criollo” ya obligaba a productores, refinadores y provincias a seguir un esquema que no les permitía trasladar bajas a los consumidores.

La administración anterior, cuyo ministro de Energía más duradero fue Juan José Aranguren, encabezó una “convergencia” entre los precios internacionales y el barril criollo. Eso se logró en septiembre de 2017 y la industria lo acompañó. Era un momento alcista del petróleo en todo el mundo.

Pero ahora, la idea de volver a un barril “criollo” con un compromiso por mantener ciertos números estables, seduce a algunas petroleras. El Gobierno ya escuchó algunas ideas de ese esquema, pero todo es muy embrionario.

El desacople de los precios internacionales y locales del petróleo también pueden perjudicar a la industria. Las compañías locales se vieron impedidas de hacerse de miles de millones de dólares de exportaciones por regulaciones locales que impedían los despachos externos-

 

Fuente: Clarin