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YPF concretó la tercera exportación y, por primera vez, llevó al gas de Vaca Muerta a Europa. Sin embargo, el segmento requiere nuevas regulaciones. El incremento de las retenciones daña los ingresos de un mercado de pequeños márgenes.

El avance de Vaca Muerta y de nuevos productos derivados, como es el gas natural licuado (GNL), generan una gran oportunidad no sólo para YPF y la industria petrolera sino para el conjunto del país, al ser una nueva fuente generadora de las divisas que tanto faltan. Sin embargo, estos nuevos desarrollos requieren de un encuadre normativo que se ajuste a sus necesidades y que evite que, por ejemplo, un incremento en los derechos de exportación generales, termine frustrando los grandes planes.

El martes pasado, en el último día hábil del 2019, YPF marcó un nuevo hito al realizar la primera exportación de GNL que llegará en cuestión de días a Europa, para tener a Barcelona como su destino final.

En junio, se realizó la primera exportación con una prueba piloto que sumó 30.000 toneladas, y que marcó el inicio del trabajo del barco fábrica, la barcaza Tango FNLG que cuenta con un contrato con Exmar por diez años.

En noviembre, se dio la segunda exportación adquirida por Petrobras para alimentar al norte de Brasil. Este envío marcó el inicio de un ciclo regular de exportaciones que desde YPF se espera continuar hasta mayo cuando, con la llegada del frío del invierno, se incremente la demanda de gas dentro de Argentina.

La llegada del gas de Vaca Muerta al viejo continente, con esta tercera exportación, marca a todas luces que se transita el camino para el despegue de Vaca Muerta, el segundo mayor recurso de shale gas del mundo.

El primer desafío de las empresas que hacen pie en la formación no convencional es, precisamente, ampliar la demanda para evitar el cierre de pozos productores durante ocho meses del año.

Para esto, desde YPF ya se forjaron alianzas estratégicas con socios como Mitsui&Co; Mitsubishi Corporation, Cheniere y Golar LNG.

Se trata de las principales firmas globales en el mercado del GNL, dado que, por ejemplo, Golar es uno de los principales traders al trabajar con 26 operadores del mercado del gas licuado. Cheniere, en tanto, es la primera compañía de los Estados Unidos en abocarse a la exportación de este tipo de producto.

En números

99.300
toneladas suman las exportaciones realizadas. Equivalen a 59,5 millones de metros cúbicos de gas natural.

Las firmas asiáticas Mitsubishi Corporation y Mitsui&Co son punta de fecha en esta industria que tiene al mercado de China y Japón como sus principales compradores. Mitsui ya cuenta con vasta experiencia en inversiones multimillonarias para el desarrollo de proyectos de GNL a gran escala. Y es por esto que son socios estratégicos para YPF en su plan de avanzar hacia la construcción de una planta de licuefacción con capacidad para procesar 25 millones de metros cúbicos de gas natural por día.

En el transitar de este primer desafío de ampliar el mercado es donde se encuentra rápidamente el siguiente escollo: las regulaciones.

El GNL es un producto nuevo dentro de la industria petrolera argentina. Sin embargo, es regido por regulaciones que fueron escritas pensando en otros tipos de productos.

El barco fábrica está amarrado en el mismo muelle en donde hasta el 2018 se importaba gas.

Las exportaciones realizadas por YPF fueron alcanzadas, por ejemplo, por los derechos de exportación que se aplican a los hidrocarburos en general. Esto hizo que, mientras los dos primeros cargamentos tributaron el equivalente a 4 pesos por dólar, la exportación realizada la semana pasada abonó el actual 8% que fijó como tope la nueva Ley de Emergencia.

Este cambio implica que, entre el envío de noviembre y el de diciembre, el derecho de exportación se incrementó un 1,4%. Una variación que podría parecer insignificante, pero que no lo es en un mercado como en el del GNL.

Esto se debe a que, con las actuales condiciones, el mercado del GNL para YPF es un negocio de pequeños márgenes en el que la ganancia final está en realidad en la escala.

Pero en un contexto nacional, en el que no sólo se incrementan las retenciones a las exportaciones, sino también en el que el precio del gas en general tiende a la baja, la ecuación parece llevar a un resultado negativo.

Desde YPF se presentó en el 2019 un proyecto para darle mejores condiciones al GNL. La iniciativa aún no fue abordada por el Congreso.

Sin dudas otro de los inconvenientes es el precio del gas en general. La falta de mercados donde colocar la producción no sólo lleva al cierre de pozos productores sino también a una depreciación de todo el mercado del gas argentino.

Esto se evidenció en la última licitación para la generación eléctrica en donde se pactaron contratos por hasta 0,90 dólares por millón de BTU. Estos bajos valores del mercado interno siembran un gran peligro sobre los campos gasíferos pues las operadoras carecerán de fondos para reinvertir en un incremento de la producción y, menos aún, en nuevos desarrollos.

La apertura de nuevos mercados más allá de los gasoductos es la gran ventaja del GNL pero para poder avanzar a escala, y no con pequeñas exportaciones por algunos meses del año, se requiere de la construcción de una planta de licuefacción cuyas obras completas pueden llegar a la friolera de 10.000 millones de dólares.

Es por esto que desde YPF se presentó a mediados del año pasado ante el gobierno nacional un proyecto para que el segmento del GNL tenga regulaciones específicas.

La propuesta apunta a permitir contratos de exportación de largo plazo que, por un lado, logren sortear las limitaciones del abastecimiento domésticos, y por el otro se les garantice una estabilidad impositiva durante su vigencia. Esas medidas, junto a otras de fomento del sector como son rebajas impositivas o amortizaciones anticipadas, son los factores que permitirían atraer a los capitales para realizar la inversión necesaria.

El dato

20
son los países en el mundo que exportan GNL. Hay otros 20 proyectos en construcción.

A medio año de esa presentación, y con un nuevo gobierno nacional de por medio, la iniciativa no tuvo curso y ahora se enfrenta a la pululación de otras propuestas de “blindajes” de lo más variadas.

El GNL representa para el país una suerte de dilema al estilo del huevo y la gallina, pues si este nuevo producto no logra desarrollarse, es muy posible que todo el segmento del gas natural quede reducido a una escala similar o incluso menor a la existente, obligando por un lado a la importación de GNL para cubrir el pico de demanda del invierno, y frenando por otro lado los potenciales desarrollos de industrias asociadas al gas como son las separadoras y las petroquímicas.

Fuente: RioNegro