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La rentabilidad actual es del 13%, pero si se aplican retenciones del 35% el margen de ganancia queda en 1,7%, según la Bolsa de Cereales de Córdoba. Cómo quedan los otros cultivos.

Las entidades del sector y los productores agrícolas saben que están en la mira fiscal de la próxima gestión. Por eso, la venta de granos anticipándose a una vuelta más agresiva de las retenciones fue récord y aceleró su ritmo durante el mes de noviembre. Al respecto, un trabajo del equipo de economistas de la Bolsa de Cereales de Córdoba encabezado por Gonzalo Agusto le puso nombres al terror chacarero. Según un ejercicio de proyección con el que se lleva la alícuota sobre la exportación de la soja al 35%, del trigo al 20% y del maíz al 15%, la rentabilidad de las operaciones queda al límite o en rojo, según los cultivos. “En un contexto de precio de granos relativamente bajos, un aumento en las retenciones generaría una caída en la rentabilidad con los siguientes efectos: potencial caída en área sembrada y, por lo tanto, menor producción, menor aplicación de tecnología, descapitalización”, detalló el economista en Twitter.

Dos escenarios. El informe difundido el viernes señala que se elaboraron dos escenarios diferentes para calcular los resultados económicos que podría enfrentar el productor de la provincia de Córdoba, para tomar conciencia de los perjuicios que le causarían a la actividad la implementación de determinadas políticas agrícolas y de comercio exterior, especialmente para aquellos que decidieron o decidan sembrar soja.

Escenario 1, con retenciones actuales. Este es el escenario más optimista ante el contexto económico actual del país y el cambio de gobierno. El mismo contempla retenciones de $4 por US$ exportado para el trigo y derechos de exportación de un 18% más $4 por US$ para la soja. Bajo estas condiciones, tanto el planteo de soja de primera como el combinado de trigo y soja de segunda observarían una rentabilidad positiva, de US$ 68 y US$ 66 por hectárea respectivamente. Estos guarismos son mayores a los de la campaña más reciente, debido principalmente al mejor precio disponible de la soja a futuro, que resulta de descontar al precio de exportación FOB los gastos portuarios, comerciales e impuestos (incluidos los derechos de exportación) y los menores costos directos y comerciales, especialmente los que se fijan en moneda local como combustibles y fletes. Hacia mayo de 2020 se aguarda un precio disponible para la oleaginosa cercano a US$ 245 por tonelada, US$ 28 por encima del observado al mismo mes de este año. Esto concluiría en una rentabilidad del 13% para el planteo de soja de primera. A su vez se explica que, de mantenerse la política arancelaria actual, la totalidad de los departamentos productivos de la provincia tendrían rentabilidad positiva para la soja de primera, mientras que cuatro de los mismos afrontarían resultados económicos negativos para el caso del planteo de trigo y soja de segunda

Escenario 2, con retenciones del 35%. Este escenario contempla retenciones del 35% para la soja y del 20% para el trigo, estimándose un precio disponible de la oleaginosa en US$ 205 por tonelada, US$ 40 debajo del precio esperado en el escenario 1 debido a la suba de los derechos de exportación del 23% al 35%. El impacto sobre la rentabilidad sería directo, reduciendo el margen bruto de la soja de primera de US$ 457 a US$ 309 por hectárea. Si bien esta reducción del precio de la oleaginosa hace caer el costo de arrendamiento, no alcanza a contrarrestar los menores ingresos, y la rentabilidad disminuye a 1,7%, con un resultado económico de US$ 8 por hectárea. Esto es una tasa rentabilidad 11,6 puntos porcentuales inferior a la del escenario 1. Con este escenario, la tasa de rentabilidad dejaría de ser plenamente positiva para la soja de primera, encontrando tasas negativas en 10 departamentos de la provincia.

En conclusión, el trabajo define “con los datos expuestos, se evidencia que un aumento en los derechos de exportación de los cultivos podría ser muy grave para la actividad agrícola en la provincia. Si bien los márgenes brutos serían positivos, permitiendo cubrir los costos variables de producción, ocasionaría una fuerte disminución de los márgenes, afectando no solamente la intención de siembra de los cultivos más desfavorecidos sino también la aplicación de tecnología en los mismos. En el mediano plazo, una rentabilidad negativa de la actividad implicaría una descapitalización del sector agrícola y un freno en su avance y modernización”.

 

Fuente: Perfil